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Es
este un texto clásico que solían repetir los
padres nahuas (aztecas, texcocanos, etc.) a sus hijas cuando
llegaban a la edad de discreción. En las palabras
del padre se transmitían los grandes ideales de la
cultura de los antiguos mexicanos, presentados en forma
asequible a la capacidad de la niña. No solamente
como documento para conocer la cultura de los antiguos mexicanos,
sino aun desde el punto de vista literario, el presente
discurso posee valor extraordinaria. [II]
1. Aquí estás, mi hijita,
mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mí
hechura humana, la nacida de mí. Tú eres mi
sangre, mi color, en ti está en imagen.
2°. Ahora recibe, escucha: vives, has
nacido, te ha enviado a la tierra el Señor nuestro,
el Dueño del cerca y del junto, el hacedor de la
gente, el inventor de los hombres.
3°. Ahora que ya miras por ti misma,
date cuenta. Aquí es de este modo: no hay alegría,
no hay felicidad. Hay angustia, preocupación, cansancio.
Por aquí surge, crece el sufrimiento, la preocupación.
4°. Aquí en la tierra es lugar
de mucho llanto, lugar donde se rinde el aliento, donde
es bien conocida la amargura y el abatimiento. Un viento
como de obsidianas sopla y se desliza sobre nosotros.
5°. Dicen que en verdad nos molesta
el ardor del sol y del viento. Es este lugar donde casi
perece uno de sed y de hambre. Así es aquí
en la tierra.
6. Oye bien, hijita mía, niñita
mía: no es lugar de bienestar en la tierra, no hay
alegría, no hay felicidad. Se dice que la tierra
es lugar de alegría penosa, de alegría que
punza.
7°. Así andan diciendo los viejos:
"para que no siempre andemos gimiendo, para que no
estemos llenos de tristeza, el Señor nuestro nos
dio a los hombres la risa, el sueño, los alimentos,
nuestra fuerza y nuestra robustez y finalmente el acto sexual,
por el cual se hace siembra de gentes.
8°. Todo esto embriaga la vida en la
tierra, de modo que no se ande siempre gimiendo. Pero, aun
cuando así fuera, si saliera verdad que sólo
se sufre, si así son las cosas en la tierra, ¿acaso
por esto se ha de estar siempre con miedo? ¿Hay que
estar siempre temiendo? ¿Habrá que vivir llorando?
9°. Porque, se vive en la tierra, hay
en ella señores, hay mando, hay nobleza, águilas
y tigres. ¿Y quién anda diciendo siempre que
así es en la tierra? ¿Quién anda tratando
de darse la muerte? Hay afán, hay vida, hay lucha,
hay trabajo Se busca mujer, se busca marido.
10°. Pero, ahora, mi muchachita, escucha
bien, mira con calma: he aquí a tu madre, tu señora,
de su vientre, de su seno te desprendiste, brotaste.
11°. Como si fueras una yerbita, una
plantita, así brotaste. Como sale la hoja así
creciste, floreciste. Como si hubieras estado dormida y
hubieras despertado.
12°. Mira, escucha, advierte, así
es en la tierra: no seas vana, no andes como quiere, no
andes sin rumbo. ¿Cómo vivirás? ¿Cómo
seguirás aquí por poco tiempo? Dicen que es
muy difícil vivir en la tierra, lugar de espantosos
conflictos mi muchachita, palomita, pequeñita.
13. Sé cuidadosa, porque vienes
de gente principal, desciendes de ella, gracias a personas
ilustres has nacido. Tú eres la espina y el brote
de nuestros señores. Nos fueron dejando los señores,
los que gobiernan; los avales allá se fueron colocando
en fila, los que vinieron a hacerse cargo del mundo en el
mundo; dieron renombre y fama a la nobleza.
14°. Escucha: mucho te he dado a entender
que eres noble. Mira que eres cosa preciosa, aun cuando
seas tan sólo una mujercita. Eres piedra fina, eres
turquesa. Fuiste forjada, taladrada, tienes la sangre, el
color, eres brote y espina, cabellera, desprendimiento,
eres de noble linaje.
15°. Todavía esto ahora te voy
a decir. ¿acaso no lo entenderás muy bien?
¿Todavía andas jugando con tierra y tepalcates?
¿Acaso todavía estás reposando en la
tierra? En verdad un poco escuchas ya, te das cuenta de
las cosas: por tu propia cuenta, vas cobrando experiencia.
16°. Mira no te deshonres a ti misma,
a nuestros señores, a los príncipes, a los
gobernantes que nos precedieron. No te hagas como la gente
del pueblo, no vengas a salir plebeya. En tanto que vivas
en la tierra, junto y al lado de la gente, sé siempre
en verdad una mujercita.
17. He aquí tu oficio, lo que tendrás
que hacer durante la noche y durante el día, conságrate
a las cosas de Dios, muchas veces piensa en el que es como
la Noche y el Viento. Hazle súplicas, invócalo,
llámalo, ruégale mucho cuando estés
en el lugar donde duermes. Así se te hará
gustoso el sueño.
18°. Despierta, levántate a la
mitad de la noche, póstrate con tus codos y tus rodillas,
levanta tu cuello y tus hombros. Invoca, llama al Señor,
a nuestro Señor, a aquel que es como la Noche y el
Viento. Será misericordioso, te oirá de noche,
te verá entonces con misericordia, te concederá
entonces aquello que mereces, lo que te está asignado.
19°. Pero si fuera malo el merecimiento,
la asignación que se te dio cuando aún era
de noche, la que te tocó al nacer, cuando viniste
a la vida, con eso (con tus súplicas) se hará
buena, se rectificará: la modificará el Señor,
el Señor nuestro, el Dueño del cerca y del
junto.
20°. Y durante la noche está
vigilante, levántate aprisa, extiende tus manos,
extiende tus brazos, aderézate la cara, aséate
las manos, lávate la boca, toma de prisa la escoba,
ponte a barrer. No te estés dando gusto, no te pongas
nomás a calentar, lava la boca a los otros, haz la
incensación, no la dejes, porque así se obtiene
de nuestro Señor su misericordia.
21°. Y hecho esto, cuando ya estés
lista, ¿qué harás? ¿Cómo
cumplirás tus deberes femeninos? ¿Acaso no
prepararás la bebida, la molienda? ¿No tomarás
el huso, la cuchilla del telar? Mira bien cómo quedan
la bebida y la comida, cómo se hacen, cómo
quedan buenas, cómo se hacen una buena comida y una
buena bebida.
22°. Estas cosas que de algún
modo se llaman "las que pertenecen a las personas"
son las que corresponden a las señoras, a los que
gobiernan, por esto se las llamó "cosas propias
de las personas", la comida propia de los que gobiernan,
su bebida: sé diestra en preparar la bebida, en preparar
la comida.
23°. Pon atención, dedícate,
aplícate, aplícate a ver cómo se hace
esto, así pasarás tu vida, así estarás
en paz. Así serás valiosa. No sea que en vano
alguna vez te envíe el infortunio el Señor
nuestro. Acaso crezca la pobreza entre los nobles. Míralo
bien, abrázalo, que es oficio de mujer: el huso,
la cuchilla de telar.
24°. Abre bien los ojos para ver cómo
es el arte tolteca, cuál el arte de las plumas, cómo
bordan con colores, cómo entreveran los hilos, cómo
los tiñen las mujeres, las que son como tú,
las señoras nuestras, las mujeres nobles, Cómo
urden las telas, cómo se hace su trama, cómo
se ajusta. Pon atención, aplícate, no seas
vana, no te dejes vanamente, deja de ser negligente contigo
misma.
25°. Ahora es buen tiempo, todavía
es buen tiempo, porque todavía hay en tu corazón
un jade, una turquesa. Todavía está fresco,
no se ha deteriorado, no ha sido aún torcido, todavía
está entero, aún no se ha logrado, no se ha
torcido nada. Todavía estamos aquí nosotros
(nosotros tus padres), que te metimos aquí a sufrir,
porque con esto se conserva el mundo. Acaso así se
dice: así lo dejó dicho, así lo dispuso
el Señor nuestro que debe haber siempre, que debe
haber generación en la tierra.
26°. Todavía aquí estamos,
todavía en tiempo nuestro, aún no ha venido
el palo y la piedra del Señor nuestro. Todavía
no morimos, todavía no perecemos, ¿qué
es lo que piensas, niñita, palomita, muchachita?
Cuando nos haya ocultado el Señor nuestro, con la
ayuda de otro podrás vivir, porque no es tu destino,
no es tu don vender yerbas, palos, sartas de chile, tiestos
de sal, tierra de tequesquite, parada en la entrada de las
casas, porque tú eres noble. Adiéstrate en
el huso, en la cuchilla del telar en preparar bebidas y
comidas.
27°. Que nunca sea vano el corazón
de alguien, nadie diga de ti, te señale con el dedo,
hable de ti. Si nada sale bien, ¿cómo será
tu fracaso? Por eso, ¿no vendremos nosotros a ser
vituperados? Y si ya nos recogió el Señor
nuestro, ¿acaso por esto no se nos vituperará
por atrás, acaso no seremos reprendidos en la región
de los muertos? En cuanto a ti, ¿acaso no pondrás
en movimiento en tu contra el palo y la piedra? ¿No
harás que contra ti se dirijan?
28°. Pero si atiendes, ¿también
entonces podrá venir la reprensión? Tampoco
seas ensalzada por otros en exceso, no ensanches tu rostro,
no te ensoberbezcas, como si estuvieras en el estrado de
las águilas y los tigres, como si estuvieras luciendo
tu escudo, como si todo el escudo de Huitzilopochtli estuviera
en tus manos. Como si gracias a ti estuviera levantando
la cabeza, y a nosotros nos acrecentaras el rostro. Pero
si no haces nada, ¿no serás entonces como
una pared de piedra, no se hablará de ti, apenas
serás ensalzada? Pero sé en estas cosas como
lo desea para ti el Señor nuestro.
29°. He aquí otra cosa que quiero
inculcarte, que quiero comunicarte, mi hechura humana, mi
hijita: sabe bien, no hagas quedar burlados a nuestros señores
por quienes naciste. No les eches polvo y basura, no rocíes
inmundicias sobre su historia, su tinta negra y roja, su
fama.
30. No los afrentes con algo, no como quiera
desees las cosas de la tierra, no como quiera pretendas
gustarlas, aquello que se llama las cosas sexuales y si
no te apartas de ellas, ¿acaso serás divina?
Mejor fuera que perecieras pronto.
31°. Ahora bien, con calma, con mucha
calma, pon atención, si así lo ha de pensar
el Señor nuestro, si alguno hablara de ti, si se
dice algo de ti, no lo desdeñes, no golpees con tu
pie la inspiración del Señor nuestro, acógela,
no te retraigas, que no pase junto a ti dos o tres veces,
no te andes haciendo la retraída, aunque nosotros
te tengamos por hija, aun cuando por medio nuestro hayas
nacido, no te envanezcas olvidando en tu corazón
al Señor nuestro. Así te arrojarías
al polvo y la basura, a la vida de las mujeres públicas.
Y entonces el Señor nuestro se burlaría, obraría
contigo como él quisiera.
32°. No como si fuera un mercado busques
al que será tu compañera, no lo llames, no
como en primavera lo estés ve y ve, no andes con
apetito de él. Pero, si tal vez tú desdeñas
al que puede ser tu compañero, el escogido del Señor
nuestro, si lo desechas, no vaya a ser que de ti se burle,
en verdad se burle de ti y te conviertas en mujer pública.
33°. Pero, prepárate, ve bien
quién es tu enemigo, que nadie se burle de ti, no
te entregues al vagabundo, al que te busca para darse placer,
al muchacho perverso.
34°. Que tampoco te conozcan dos o tres
rostros que tú hayas visto. Quien quiera que sea
tu compañero, vosotros, juntos, tendréis que
acabar la vida. No lo dejes, agárrate de él,
cuélgate de él aunque sea un pobre hombre,
aunque sea sólo una aguilita, un tigrito; un infeliz
soldado, un pobre noble, tal vez cansado, falto de bienes,
no por eso lo desprecies.
35°. Que a vosotros os vea, os fortalezca
el Señor nuestro el conocedor de los hombres, el
inventor de la gente, el hacedor de los seres humanos.
36°. Todo esto te lo entrego con mis
labios y mis palabras. Así, delante del Señor
nuestro cumplo con mi deber. Y si tal vez por cualquier
parte arrojaras esto, tú ya lo sabes. He cumplido
mi oficio, muchachita mía, niñita mía.
Que seas feliz, que nuestro Señor te haga dichosa.
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