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Estrenada el 18 de Abril de 1909 en Moscú, un año
después del estreno de su Segunda Sinfonía,
la obra está
inspirada en un cuadro del pintor suizo Arnold Böcklin.
Según la mitología clásica, tras la
muerte, Caronte lleva a las almas en su barca al reino de
Hades (representado como la Isla de los Muertos), a través
de la laguna Estigia. Este poema sinfónico evoca
con maestría esta escena, en tres partes más
o menos diferenciadas.
Desde los primeros compases, el ambiente generado es lúgubre
y estremecedor, y el movimiento de las cuerdas representa
el remar pesado de Caronte. Sobre el se van añadiendo
timbres y melodías entrecortadas, creando una atmósfera
mágica y confusa, sobre la que se eleva el agudo
y sobrecogedor canto del alma, representado por los violines
y las flautas, lleno de dolor. La tensión irá
aumentando hasta una explosión orquestal, con la
que se da paso a la segunda parte...
Caronte y su barca desaparecen de la escena, y se presenta
un nuevo tema, desarrollado principalmente por las cuerdas...
una melodía agridulce, melancólica, como evocando
a los recuerdos de una vida pasada destinados a desaparecer.
Tras una breve exposición, el ritmo y la tensión
van creciendo, apareciendo un segundo tema caracterizado
por los metales... es la muerte, implacable, que viene a
terminar con el último suspiro de vida. Su fuerza
va poco a poco incrementándose hasta ahogar los cálidos
timbres de las cuerdas, que tratan de huir de su inevitable
destino... Ambos temas se enfrentan hasta llegar a un clímax
orquestal con una fuerza exhuberante y poderosa... la muerte
ha ganado una vez más su batalla. Asi llegamos a
la tercera parte y última parte.
Tras un breve silencio, las cuerdas evocan el tema del Dies
Irae, tan querido por Rachmaninov, mientras sobre él
volvemos a escuchar el lento remar de la barca. Se genera
un ambiente similar al del principio de la obra, pero esta
vez mucho más intimista, más lúgubre
y sobrecogedor si cabe. En la atmósfera siguen vivos
los lamentos del alma, mientras Caronte rema impasible atado
a su eterno destino, alejándose en el horizonte,
y dando fin a una de las páginas más bellas
de la historia de la música.
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