La Isla de los Muertos
Poema Sinfónico op. 29
De: Sergei Vasilyevich Rachmaninov


Estrenada el 18 de Abril de 1909 en Moscú, un año después del estreno de su Segunda Sinfonía, la obra está inspirada en un cuadro del pintor suizo Arnold Böcklin.
Según la mitología clásica, tras la muerte, Caronte lleva a las almas en su barca al reino de Hades (representado como la Isla de los Muertos), a través de la laguna Estigia. Este poema sinfónico evoca con maestría esta escena, en tres partes más o menos diferenciadas.
Desde los primeros compases, el ambiente generado es lúgubre y estremecedor, y el movimiento de las cuerdas representa el remar pesado de Caronte. Sobre el se van añadiendo timbres y melodías entrecortadas, creando una atmósfera mágica y confusa, sobre la que se eleva el agudo y sobrecogedor canto del alma, representado por los violines y las flautas, lleno de dolor. La tensión irá aumentando hasta una explosión orquestal, con la que se da paso a la segunda parte...
Caronte y su barca desaparecen de la escena, y se presenta un nuevo tema, desarrollado principalmente por las cuerdas... una melodía agridulce, melancólica, como evocando a los recuerdos de una vida pasada destinados a desaparecer. Tras una breve exposición, el ritmo y la tensión van creciendo, apareciendo un segundo tema caracterizado por los metales... es la muerte, implacable, que viene a terminar con el último suspiro de vida. Su fuerza va poco a poco incrementándose hasta ahogar los cálidos timbres de las cuerdas, que tratan de huir de su inevitable destino... Ambos temas se enfrentan hasta llegar a un clímax orquestal con una fuerza exhuberante y poderosa... la muerte ha ganado una vez más su batalla. Asi llegamos a la tercera parte y última parte.
Tras un breve silencio, las cuerdas evocan el tema del Dies Irae, tan querido por Rachmaninov, mientras sobre él volvemos a escuchar el lento remar de la barca. Se genera un ambiente similar al del principio de la obra, pero esta vez mucho más intimista, más lúgubre y sobrecogedor si cabe. En la atmósfera siguen vivos los lamentos del alma, mientras Caronte rema impasible atado a su eterno destino, alejándose en el horizonte, y dando fin a una de las páginas más bellas de la historia de la música.