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Cada
pueblo de la tierra forja su pensamiento dentro de una visión
particular de la vida, de allí emerge su cultura,
su filosofía y su idiosincrasia. O era al revés?
Lo cierto es que la tierra conlleva en sus entrañas
una inclinación a percibir el mundo de una determinada
manera. Pueden haber alteraciones (de hecho son las excepciones
las que confirman las reglas...) pero basta con revisar
la historia del pensamiento para comprobar estos dichos.
La corriente reflexiva de los germanos. que dieron al mundo
a un Goethe, un Kant, un Hegel, un Schiller, o un Nietszche.
El utilitarismo y pragmatismo anglosajón del que
nos dan ejemplo Locke, Berkeley, Bacon, Hume, Milton. ¿Y
los franceses? Los franceses siempre han ostentado un tinte
racionalista. Descartes, Voltaire, Rousseau... la revolución
francesa fue la sublevación del pensamiento, la insurrección
de las ideas, la creencia que el pensamiento podría
darle al mundo su verdadero sentido.
Quizás sea así, quizás no... quién
puede emitir juicios acerca de lo verdadero y lo falso mientras
esté contenido por su propia matriz de supuestos
básicos subyacentes? Lo cierto es que nada es definitivo
en este mundo de formas, que todo se vincula de uno u otro
modo. ¿Quieren algo más concreto que la vivencia
de la globalización? El mundo a evolucionado... De
la imprenta a la radio, de la radio a la televisión,
de la televisión a la Internet. Han evolucionado
los medios de comunicación... pero ¿ha evolucionado
la comunicación? Esta pregunta que parece de Perogrullo
es en realidad engañosa. Tenga cuidado cuando la
responda.
Los medios de comunicación acercan el pensamiento,
siguen siendo elitistas -es cierto- pero cada vez entran
más jugadores en este juego de la información.
Se globaliza la justicia, se globaliza la lucha por las
ideas, pero también se globalizan los mercados, los
intereses particulares, la especulación. El mensaje
es claro, la realización es imperfecta. Si tuviéramos
que evaluar los pro y los contra de esta tendencia deberíamos
concluir que -al menos como se vienen dando las cosas- la
globalización se está convirtiendo en el guante
de hegemonía, es decir, en un nuevo disfraz para
el imperialismo.
Sin embargo aún hay esperanzas. Nadie determina que
las cosas deban seguir dándose tal como se dan hasta
el momento... quizás la realidad dé un vuelco
y la globalización termine por convertirse en la
cristalización de la utopía de “fraternidad
universal” . No lo digo porque queda bien ser positivo,
sino porque tengo la firme certeza que el destino lo forjamos
nosotros, y nuestras acciones. Por eso tengo fe.
Retomando el tema de la comunicación y su propagación
multitudinaria, creo que es bueno rescatar los elementos
que nos brinda la cotidianeidad y darle nuestra propia interpretación;
si no fuera por la Internet.. ¿nos habríamos
conocido? Quién sabe... Me gusta pensar que todas
las cosas pasan por una razón, que no hay casualidades
sino causalidades y que de nosotros depende el uso que le
demos a las oportunidades que se nos presentan. Es precisamente
la elección la que nos da el cariz de humanos en
medio de este mundo plagado de sensaciones animales. La
elección es el poder de decidir sobre nuestra vida,
es también la importancia que le damos a lo que nos
pasa. Hubo esclavos más libres que sus amos, tal
es el caso de Epicteto; hubo guerreros que no se amedrentaron
ante los “imposibles”, tal es el caso de Leónidas;
hubo seres humanos que eligieron la caridad y el amor incondicional
por sobre su propio bienestar, tal es el caso de la Madre
Teresa de Calcuta... sólo por citar algunos ejemplos
de grandeza. Así también encontramos a personas
que son infelices aun teniendo todo lo que siempre desearon,
y seres que están tristes por cosas que no podemos
llegar a comprender... lo que nos señala que muchas
veces las cosas pasan por tamices distintos a la lógica.
El iluminismo fue una forma de tratar de comprender al mundo;
fue una forma de categorizar la incertidumbre pretendiendo
minimizarla. Hoy la realidad es otra, y si bien aceptamos
que el pensamiento es un factor importante en la constitución
de la humanidad, estamos seguros que no es el único.
Por algo, y hoy más que nunca, terminamos por aceptar
–no sin cierta impotencia- que el único conocimiento
certero es el saber que nada sabemos.
Pero eso es bueno, porque nos obliga a crecer. Y en la búsqueda
de la madurez evoluciona el ser humano.
Los elegidos
Jacques Roubaud. La obra de este
francés, nacido hacia 1932, es traspasada por la
pasión de experimentar, por un sentimiento lúdico
que busca lo insólito y lo sorprendente. Roubaud
es matemático de profesión, su primer libro
tiene por título e y consiste en una complicada red
de diversos textos interrelacionados de acuerdo con las
reglas del juego japonés del GO, a cada una de cuyas
fichas equivalen los poemas del libro. Su segundo libro
es un curioso experimento hecho a partir de transcripciones
fonéticas de tankas japonesas que actúan como
base o motivo de inspiración para los nuevos poemas.
Roubaud ha intentado la poesía plurilingüe –en
colaboración- los poemas de Renga (de 1971) [El renga
es una forma poética de creación colectiva,
que se desarrolló en el Japón entre el siglo
VIII y el siglo XII, y que tuvo su máximo esplendor
en la obra del poeta Shinkei, en el siglo XV.] contienen
partes en francés, italiano, español e inglés,
y la colaboración de autores como Octavio Paz, Edoardo
Sanguinetti y Charles Tomlinson. Otra de sus obras, Autobiografía
capítulo X, consiste en un conjunto de fragmentos
estructurados, compuestos en su totalidad de citas de otros
poetas.
A este experimentalismo práctico se corresponde una
preocupación teórica que se pplasma en diversos
ensayos de poéticaa, muchos de los cuales tratan
sobre aquellos momentos de la tradición literaria
que mñas armonizan con ese gusto por lo cifrado y
esotérico: Arnaut Daniel, Cavalcanti, Dante, Lewis
Carroll o Mallarmé.
Algo negro, (del cual tomamos un fragmento en la presente
edición) publicado en 1986 tras el fallecimiento
de su mujer, la fotógrafa Alix-Cleo, parte de una
certeza cuando se reconoce la muerte en la persona amada.
Las meditaciones fechadas como revelados fotográficos
reproducen momentos privados de una vida en común.
“Nada me influye en la negrura”, dice el poeta
en un momento de lucidez antes de reconocer su desolación
y tristeza.
“La noche se lleva la luz, los objetos son reales
como huellas, no se ven, pero se intuyen. Y el silencio
es lo que queda cuando todo se sabe y nada se espera”
La Marsellesa Canto nacional de pueblo
francés popularizado en 1793 por los marselleses
federales. Su autor fue Claudio Rouget de Lisle, capitán
de ingenieros de guarnición en Estrasburgo a finales
del siglo XVIII.
El 20 de abril de 1792 se proclamó en París
la declaración de guerra contra Austria. Al llegar
la noticia a Estrasburgo, el alcalde de esta ciudad, convidó
a su mesa, a varios oficiales entre los que se encontraba
Rouget, proponiéndoles la creación de un himno
nacional y patriótico. Fue escrito inmediatamente
con el título "Canto de guerra del Ejército
del Rhin", dedicado al Mariscal Lukner
En junio, en un banquete ofrecido a unos soldados, se entregó
a cada uno de ellos un ejemplar del himno que fue cantado
durante el camino hasta su llegada a París. Al llegar
a esta capital excitó el entusiasmo del pueblo, el
cual lo designó con el nombre de «La Marsellesa».
Desde entonces fue el canto de Francia, cuyos soldados lo
esparcieron por toda Europa. Exaltaba de tal modo el aliento
patriótico de éstos que Napoleón dijo
refiriéndose a él: -Esta música nos
ahorrará muchos cañones. (Carlos Palacio,
"Colección de Canciones de Lucha")
Durante la Primera República, este himno formaba
parte de los aires y cantos cívicos que contribuyeron
al triunfo de la Revolución. Los dos Imperios, la
Restauración y la II República prefirieron
cantos de circunstancias. No fue sino hasta la III República
cuando La Marsellesa recuperó su rango de himno nacional
en todas aquellas ocasiones en las cuales las bandas militares
han de tocar un aire oficial. El Estado francés lo
conserva y el Gobierno de la Francia liberada le vuelve
a atribuir un estatuto de primer orden al lado del himno
de carácter oficioso, es decir Le Chant des Partisans
(El Canto de los Partidarios). La Marsellesa será
finalmente instituida como himno nacional en la Constitución
de la IV y de la V República (artículo 2 de
la Constitución del 4 de octubre de 1958). En 1974,
Valéry Giscard d'Estaing, el entonces Presidente
de la República, hace que se modifique de acuerdo
con las partituras antiguas y que se vuelva a armonizar
con un ritmo diferente. A partir de 1981, el himno será
interpretado nuevamente de acuerdo con las partituras y
el ritmo vigentes hasta 1974.
Escritor francés y fundador del movimiento naturalista. Zola nació en París, el 2
de abril de 1840. Su primer trabajo fue el de empleado en
una editorial. A partir de 1865 se ganó la vida escribiendo
poemas, relatos y crítica de arte y literatura. Su
primera novela importante, Thérèse Raquin
(1867), es un detallado estudio psicológico del asesinato
y la pasión. Más tarde, inspirado por los
experimentos científicos sobre la herencia y el entorno,
Zola decidió escribir una novela que ahondara en
las profundidades de todos los aspectos de la vida humana,
que documentara los males sociales, al margen de cualquier
sensibilidad política. Asignó a esta nueva
escuela de ficción literaria el nombre de naturalismo
y escribió una serie de veinte novelas entre 1871
y 1893, bajo el título genérico de Les Rougon-Macquart,
con el fin de ilustrar sus teorías a través
de una saga familiar. Tras una ardua investigación
produjo un sorprendente y completo retrato de la vida francesa,
especialmente la parisina, de finales del siglo XIX. Sin
embargo, fue calificado de obsceno y criticado por exagerar
la criminalidad y el comportamiento a menudo patológico
de las clases más desfavorecidas. Algunos de los
libros que se ocupan de las cinco generaciones de la familia
Rougon-Macquart, alcanzaron una gran popularidad.
Sus obras posteriores, escritas a partir de 1893, son menos
objetivas, más evangelizantes y, en consecuencia,
menos logradas como novelas. Entre éstas figura la
serie Las tres ciudades (3 volúmenes, 1894-1898),
que incluye Lourdes (1894), Roma (1896) y París (1898).
Zola escribió también varios libros de crítica
literaria en los que ataca a sus enemigos, los escritores
románticos. El mejor de sus escritos críticos
es el ensayo La novela experimental (1880) y la colección
de ensayos Los novelistas naturalistas (1881). En enero
de 1898 Zola se vio envuelto en el caso Dreyfus, cuando
escribió una carta abierta que se publicó
en el diario parisino L'Aurore. Es la famosa carta conocida
como 'J'accuse' ('Yo acuso'), en la que Zola arremete contra
las autoridades francesas por perseguir al oficial de artillería
judío Alfred Dreyfus, acusado de traición.
Tras la publicación de esta carta, Zola fue desterrado
a Inglaterra durante un año. Murió en París,
el 29 de septiembre de 1902. |