-¡Quiero
vivir! dijiste- ¡a mi manera!
Hoy estás imitando la alegría de otros
Y huyendo vas de la alegría tuya.
-¡Salvate! dijiste-
y me negaste el agua
Hoy te enfurece ver la planta seca
Y no quieres creer que no retoñe.
-¡Estás viejo!
dijiste y quemaste el árbol
hoy quieres que las cenizas tengan flores
y que el humo se convierta en fruto.
-¡Quiero la juventud!
dijiste - ¡me voy con ella!
Hoy te marchitas en noctámbulos refugios
Sin esa juventud que lucha y canta.
¿Valía la pena
imitar? ¿No ser auténtica?
¿Negar el agua y quemar el tronco?
Las cenizas, querida, no dan flores
Y el humo, adorada, no da frutos.
Porque eres joven, mi bien,
no necesitas
Colgarte del hastío de los otros.
Entierra las cenizas, sopla el humo
Y te verás como eres: flor y fruto.
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